Ansiedad


He prestado al protagonista de mi novela, La terapeuta, algunos rasgos de mi personalidad. Héctor Amat, como tantos actores, es un hombre muy tímido. Conozco bien su timidez. Su rubor. De pequeño, según cuento en La terapeuta, para Héctor Amat el infierno era salir a la pizarra. “Cuando el maestro pedía un voluntario, él fingía que se le caía el bolígrafo, o se escondía, o de repente tenía que ir al baño. No soportaba tantas miradas clavadas”. Charles Darwin dijo: “es el pensar lo que los otros piensan sobre nosotros lo que nos hace enrojecer”. La vergüenza es uno de los sentimientos más complejos del ser humano. Resulta de la interacción de dos relatos: nuestro propio relato dialoga con el que los otros hacen de nosotros. El psiquiatra y neurólogo Boris Cyrulnik envió un cuestionario a casi mil personas de edades comprendidas entre los doce y los sesenta años. Les preguntaba qué emociones fuertes habían experimentado durante los últimos días. La vergüenza apareció citada en más de la mitad de los casos. Pero cuando les preguntó de cuáles de aquellas emociones habían hablado con su entorno, la vergüenza desapareció por arte de magia. No hablamos de nuestra vergüenza. “Las palabras de la vergüenza son difíciles de decir porque tememos la reacción del otro”, escribe Cyrulnik.  Y también escribe: “Los bomberos son héroes, admirados por su fuerza y su valor (…) Pero un día Superman vacila, se repliega, se aparta y se esconde para llorar. Le da vergüenza sentirse afectado por los horrores que ha tenido que superar. Y los testigos burlones sienten placer al verle por fin humillado, como cualquier hijo de vecino”. ¡Es increíble lo apasionante que nos resulta la desdicha ajena! photo credit: kennyrivas via photopin...

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