La mujer que no sabía llorar


Me ha costado atreverme a escribir “La mujer que no sabía llorar”   Editada por Destino, sale a la venta el próximo 5 de abril   La historia de una mujer que bloqueó sus emociones hasta el extremo de que no podía llorar, en modo alguno. Ni, por ejemplo, durante los funerales. Ni tampoco viendo dramas en el cine. Ni intentando evocar la emoción de la tristeza. Un bloqueo colosal. Siendo, como era ella, sexóloga -una de las primeras sexólogas, en una época en la que el sexo aún era un tabú-, compensaba su bloqueo emocional en la cama. El sexo como una escapatoria, o como una huida hacia delante. Una mujer insaciable.   Pero el sexo es una forma de energía vital. Tiene una dimensión espiritual. El sexo practicado de manera consciente, puede ser un camino hacia el despertar.   El narrador de “La mujer que no sabía llorar” conoció a la sexóloga, Daniela Costa-Pau, cuando tenía diecisiete años y era becario de un diario de provincias. Editaba los artículos de la sexóloga. “Todavía no entiendo por qué se encaprichó conmigo, un chico inexperto que no le llegaba a la suela del zapato. El caso es que, quién lo iba a decir, acabamos siendo amantes“. Fruto de aquella relación, él conoció la historia de ella, una historia fascinante que transcurre entre Girona y el campus de desarrollo personal Can Benet Vives (El Montnegre). Una historia sobre la sexualidad y la liberación sexual, la Alta Sensibilidad y las emociones reprimidas, la Ayahuasca y la verdadera dimensión de las personas.   A sus pacientes, ella les repetía un verso que había aprendido de la poeta Mary Oliver: “¿Qué piensas hacer con tu salvaje, preciosa, única vida?” Puedo dar fe de que Daniela Costa-Pau era salvaje, en el sentido de liberada. “La mujer que no sabía llorar” es un pequeño homenaje a su persona. Espero que la...

Leer más