Miedo


  Me daba mucho miedo volar en avioneta. Por eso decidí volar. Como comenté en el post anterior, una de las formas de lograr que el tiempo transcurra más despacio es hacer cosas nuevas. Y, además, en mi caso, estas semanas de promoción de La terapeuta, hablando del miedo, he dicho que estaría bien que saliésemos a menudo de nuestra zona de confort, que expandiésemos nuestros límites haciendo justo lo que nos da más miedo. Pues aplícatelo tú, pensé. Y vuela de una vez en avioneta.   Llegó el día. Fuimos al aeródromo de Sabadell con la piloto, Ruth Turñé. En su coche. La acababa de conocer. Una mujer risueña que conducía el coche igual que mi padre: sin manos. Personas que hablan con tanta pasión, que se olvidan del volante. Temí lo peor. —No te preocupes — me dijo —. La avioneta es tranquila y noble.   Así pues, volamos. Siempre me han dado mucho vértigo las alturas. Y aquel aparato, a diferencia de los aviones comerciales, era muy frágil. La primera media hora, mientras llegábamos a los volcanes de La Garrotxa, creí entender el pánico del protagonista de La terapeuta, Héctor Amat. El paisaje como una irrealidad. Una acuarela mojada. Le pregunté a Ruth: —¿Si hay un fallo en el motor, qué haremos? Me respondió, alegre: —Buscar un campo. Intentar aterrizar. Pero justo en aquel entonces nos encontrábamos en el Montseny: ningún campo a la vista. Yo, con la mirada, iba buscando zonas verdes, por si acaso. Y sólo veía montañas. Hasta que llegamos al mar, a Arenys de Mar, y Mataró, y pensé que al menos, si el motor se estropeaba, podríamos amerizar. Me calmé. Empecé a disfrutar del paisaje. Me vino a la mente el escritor García Márquez, quien nunca ha comprendido por qué los aviones vuelan. Cuál es el mecanismo. Se lo pregunté a Ruth, y me dijo: —Vuelan porque tienen alas. —Gracias. —Te lo digo en serio, no es broma. Y así llegamos a la base, casi dos horas después, y aterrizamos. Pensé que la experiencia había sido increíble, maravillosa. La piloto, excelente. Pero sólo lo pensé cuando estuve en tierra firme. También me vino a la memoria Robin Sharma, que el año pasado me dijo, en Barcelona: “Si no estás asustado, no estás creciendo demasiado”. Así pues, la conclusión es que en una mañana crecí mucho. Quizá, para crecer, tenemos que...

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